Niñas: La violencia sexual invisible

La violencia es una constante en todas las etapas de la vida de las mujeres. Empieza en la niñez y continúa hasta la edad adulta. A pesar de los esfuerzos de visibilización de las diversas formas de violencia que se ejercen contra las mujeres, la violencia sexual contra niñas y adolescentes continúa siendo la más invisible.

Algunos estudios especializados estiman que el 8 por ciento de niños en el mundo sufre de agresión sexual antes de cumplir 18 años. En Bolivia, el porcentaje es de 23 por ciento . En el caso de las niñas, en el mundo se reporta un 20 por ciento de agresiones a menores de 18 años. En Bolivia, esta cifra llega al 34 por ciento . Se registra que el 62 por ciento de las violaciones denunciadas corresponde a niñas y adolescentes.

Es alarmante el incremento del embarazo adolescente, reflejado también en el estudio de mortalidad materna, que evidencia que el 14 por ciento de las muertes maternas corresponden a adolescentes de entre 14 y 19 años. Muchos de esos embarazos son producto de violencia sexual.

A diferencia de lo que podría pensarse, la violencia sexual no se produce en la calle, sino que la mayoría de casos son perpetrados por un conocido o alguna persona del entorno familiar (padres, hermanos, primos, tíos) o en el ámbito escolar. De ahí que la violencia sexual esté cubierta de un manto de silencio cómplice, porque se prefiere ocultar, asegurando impunidad para los agresores.

Existe una valoración diferenciada de la violencia sexual en niños y niñas. No resulta raro escuchar comentarios de gente que considera que la violación de una niña no puede compararse con la de un niño, porque en una niña “finalmente pasa”; pero a un niño “le arruina la vida”.

Urge visibilizar esta problemática e intervenir a nivel de las prácticas socioculturales, en la educación y la salud, con perspectiva de igualdad de género, y asegurar la implementación de las leyes vigentes.

Tratar la información sobre violencia infantil sin desagregarla por sexo contribuye a la invisibilización de la problemática, desconociendo la magnitud, gravedad y consecuencias en la vida de las mujeres del futuro. En la toma de decisiones y sus oportunidades, las hace vulnerables y temerosas. Las mujeres desde niñas crecen creyendo que la violencia es una situación permanente y que nada se puede hacer contra ella. Por nuestras niñas y su futuro, es tiempo de romper el silencio.

Fuente: http://www.opinion.com.bo/opinion/articulos/2016/0817/noticias.php?id=197550

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